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  • Jennifer Giraldo

Una ambientalista [imperfecta] en el super

Actualizado: feb 8



Mis ojos se mueven escaneando todo rápidamente...


¿Venden comida aquí? Es una pregunta sarcástica que hago en mi mente. Y es que lo que veo a simple vista son infinidad de bolsas y cajas coloridas. Pienso que si viniera de otro planeta quizás no entendería tal cosa.


Suspiro…


Entro con desgano, con el ceño fruncido y los labios tensos.


Me aseguro de tomar un carrito de compras que ande bien y como predice el neuromarketing entro por la derecha.


Me cruzo con la sección de jabones. Plástico, plástico, muchos productos innecesarios -a mi parecer- y más plástico.


Muevo mi cabeza en un signo de desaprobación al notar que la marca de blanqueador que toda la vida usó botellas de vidrio cambió a botellas de plástico.


Photo by Fikri Rasyid on Unsplash

Voy directo a la zona de frutas y verduras. Aquí el panorama no es mejor: papayas, brócoli, cebolla larga, apio, envueltos en papel transparente/film/chicle …en serio? Toda clase de alimentos con su propio empaque natural como manzanas, papas, pepinos, pimentones, peras, empacados en una bandeja de icopor/telgopor que luego es envuelto de nuevo en papel transparente.


Siento cólera, de verdad que lo siento.


¿Cuál es la funcionalidad de la papaya envuelta en plástico?

Y el apio que en si mismo es compacto…completamente absurdo.


Me encuentro con Pablo, uno de los dueños del supermercado. Lo conozco hace unos 15 años cuando él mismo todavía siendo adolescente atendía las cajas registradoras. En ese entonces el supermercado era muy pequeño y para mí acompañar a mi madre a comprar era una experiencia común sin ningún contratiempo. Ahora el supermercado se ha expandido y son una pequeña cadena.


En medio del ajetreo del supermercado, rápidamente le comento sobre mi inconformidad por la cantidad de empaques innecesarios que ahora invaden la zona de frutas y verduras.

Me cuenta que a él también le preocupa, pero ¿qué se puede hacer si es la tendencia y es lo que les gusta a los clientes? Son sus palabras textuales.


Termino de hacer la compra.

En la caja registradora debo frenar en seco al cajero para avisarle que tengo mis bolsas de tela, cosa que debo hacer una y otra vez.


Pablo, esto sería un buen comienzo… Lo digo en mi cabeza


Que el cajero pregunte antes si quieres o no bolsa puede parecer tonto, pero quizás le hará pensar al cliente en la posibilidad de traer la suya propia la próxima vez.


Las malas aplicaciones del plástico


No es que no le haya creído a Pablo, pero no soy de las que deja pasar las cosas así no más.


Los estudios de neuromarketing indican que las personas eligen lo que “se ve más bonito” o fresco porque lo asocian con saludable y si está listo para comer mucho mejor. Si, la papaya se ve muy brillante envuelta en plástico…uuggh


Las estrategias para aumentar el consumo de fruta se han concentrado en crear "snacks saludables": frutas y/o verduras en cajitas con algún acompañante como queso, chocolate o alguna salsa. Estos son muy comunes en los aeropuertos y supermercados de países como Estados Unidos.


Me parece genial que se creen estrategias para aumentar el consumo de frutas y verduras, pero es evidente que como en casi todos los productos que nos rodean, en el diseño no se tuvo en cuenta el impacto ambiental que genera el empaque de estos snacks.


Cuando voy caminando por el supermercado, no puedo evitar pensar en soluciones para hacer que todo ese plástico desaparezca, o tenga un ciclo de vida más largo.


Formas Inusuales de cuidar el agua


Photo by Patrick Fore on Unsplash

Imagino que soy la dueña de un supermercado y que voy caminando por los pasillos condenando los productos que a mi parecer son innecesarios con letreros del tipo: Esto no lo necesitas.


Impongo a los proveedores como quiero que sean sus empaques y a los clientes, que cada uno debe traer sus bolsas de tela o cualquier otro recipiente si no quiere llevar todo en la mano.


Lo más seguro es que esta estrategia de supermercado ambiental con aires de dictadura no funcione y mi negocio quiebre muy rápido, pero me hace sentir bien imaginar que los supermercados ambientalmente sostenibles sean parte de la normalidad.


Ser una dictadora tampoco es una energía que vaya muy bien con mi personalidad.


Algo tan cotidiano como hacer la compra se ha convertido para mí en una actividad que más que placer me genera desazón. También en la oportunidad de cuestionarme el papel que tenemos como consumidores.


En esos momentos soy una dura juez de la sociedad, incluso de mí misma y me cuestiono cuándo nos volvimos tan perezosos y facilistas.

La practicidad nos desconectó de los alimentos y se convirtió en un problema ambiental.

Aclaro que aún soy una ambientalista imperfecta. Estoy lejos de eliminar los empaques y la basura de mi vida, pero constantemente busco alternativas para disminuir mi huella ecológica.


Composta tus residuos.


No recuerdo cuál fue el detonante que consiguió que empezara a cuestionarme mis compras y es una pena.


A veces pienso que hubiera sido mejor quedarme como estaba, especialmente cuando veo que a muchas personas aun no les interesa.


Sin embargo, tener la capacidad de decidir con criterio los productos que quiero adquirir o de cuáles prescindir es más poderoso que simplemente quedarme de brazos cruzados. Y sé que inevitablemente alguien va a contagiarse de la inconformidad que te invita a pensar fuera de la caja y así en cadena hasta que seamos muchos.


Ser ambientalistas debe ser parte de la nueva realidad


¿Eres tu ya parte de esta cadena?

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